Capítulo 11 – Un halo injusto
Tras un breve resumen de la
situación del brujo Babidí, Purple estaba informado para realizar su misión.
– ¡Bip, bip! – el scouter
de Purple localizó un Ki anormalmente poderoso moviéndose a toda velocidad a
cientos de kilómetros de distancia – Puede que sea uno de ellos – murmuró.
Entonces se rodeó de un aura lila
y despegó provocando un pequeño ciclón de arena.
– Se mueve – anunció Paikuhan a
sus compañeros – Le seguiré.
Goku, en estado base, apareció
justo al lado de Gohan, que estaba tumbado en el suelo con el pecho y el lado
izquierdo del rostro quemados y ensangrentados.
– Oh, no… – susurró mientras
buscaba en su cinturón el saco de semillas senzu. No estaban allí – Se me habrá
caído mientras peleaba – suspiró con preocupación – Tengo que recurrir a Dende.
Krillin llegó a toda velocidad a
la Atalaya de Kamisama, muy nervioso y con la bola de dragón en la mano.
– ¡Dende! – le llamó el terrícola
cuando le avistó en los patios del lugar – ¡Cógela! – exclamó lanzando la
esfera de dragón.
El namekiano la cazó en el aire.
Él también estaba nervioso. No sabía con exactitud por qué estaban sucediendo
todas aquellas batallas en el planeta, pero había visto el difícil panorama.
– Escóndela – dijo en voz alta –
Creo que me persiguen. Me alejaré de aquí y le despistaré.
El pequeño humano salió disparado
en el aire, pero chocó contra algo y cayó en el suelo de la Atalaya, como si
una piedra rebotara contra una pared.
Al levantar su mirada, Bojack
estaba allí, cruzado de brazos y dañado por todas partes. A pesar de ello, su
expresión irradiaba confianza y superioridad.
Dende y Mr. Popo contemplaban la
situación con miedo, sus piernas no se movían de pavor.
– Me ha... Me ha alcanzado –
balbuceó Krillin asustado – ¿Y Gohan? – susurró para sí, preocupado.
Bojack le propinó una patada que
empujó al terrícola hasta chocar con el joven namekiano, haciéndolos caer al
suelo. La bola de dragón rodó por el enlosado, pero Bojack no se percató.
– Devolvedme lo que habéis robado
y os dejaré vivir – sonrió mientras aterrizaba y caminaba hacia ellos.
Mr. Popo se interpuso en su
camino, abriendo los brazos en cruz – No dejaré que le toques.
El villano verde, algo molesto
por el entrometido, alzó su mano y disparó una bola de ki, pero salió despedida
hacia el cielo cuando Goku apareció y la abofeteó de un derechazo.
– ¿Quién eres tú? – se extrañó
Bojack – ¿Y de dónde has salido?
– ¡Goku! – se alegró Krillin
desde el suelo – Menos mal que estás aquí.
Mr. Popo, paralizado por el susto
y el terror, se dejó caer, casi en shock.
Entonces el super saiyan colocó
en el adoquinado a Gohan, que hasta entonces estaba sujeto por el brazo
izquierdo de su padre.
– ¡Pero si ese es el que antes
luchaba conmigo! – se sorprendió – ¿Cómo le has traído tan rápido?
– Dende – le llamó Goku,
ignorando al malvado – Cura a Gohan, por favor. Está muy grave.
Krillin fue hasta él y levantó el
cuerpo de su amigo inconsciente – Vayamos adentro.
– De eso nada – interrumpió
Bojack, preparado para hacer añicos el lugar.
– ¡Ahora yo soy tu preocupación!
– le gritó seriamente Goku.
– Tu pelo y tu aura es muy
parecida a la de tu amigo, pero parece que también has sufrido serios daños –
observó el villano mientras apretaba sus puños – No pienso dejar que curen a
ese moribundo.
Goku se puso en guardia mientras
los espasmos eléctricos seguían chasqueando a su alrededor.
Mientras tanto, Purple acababa de
aterrizar en la parte trasera del palacio de Dende. Gracias a su localizador,
sabía dónde se encontraban cada una de las personas del lugar.
– Ese grandote debe de ser
Bojack, el siervo del que Babidí me habló – dijo andando con cautela, rodeando
el gran palacete hasta poder asomarse al patio principal, pero algo rozó su
bota, era una esfera naranja con seis estrellas rojas en su interior – ¿Qué
tenemos aquí? – se extrañó recogiéndola – Esto es lo que ese grandullón verde
anda buscando para Babidí. Sería un puntazo llevárselo yo mism... – pero su
vista fue a parar directamente a una nave espacial que estaba estacionada en
una zona del gran patio – Bingo. ¿Una nave espacial en La Tierra? Es la que
busco.
Mientras tanto, los golpes entre
Goku y Bojack comenzaron a resonar por el cielo. A pesar de que el super saiyan
controlaba mejor la situación, su extenuación hacía que sus ataques y su
agilidad fueran de un nivel parecido a los de su oponente.
Dende, mientras tanto, comenzó
con la curación de Gohan, pero pronto se dio cuenta de que algo no iba bien.
– Gohan no tiene energías, se
encuentra al borde de la muerte – dijo con temblores mientras ponía sus manos
en él.
– Por favor, Dende – suplicó
Krillin con preocupación.
– Lo intento – le respondió
nervioso su amigo.
A miles de kilómetros de allí,
Piccolo, moribundo entre kilos de nieve, volvía a respirar con normalidad. Su
hombro estaba dislocado y su mandíbula espantosamente rota. Además, sangraba y
tenía serios hematomas por todo el cuerpo.
– Maldición... – intentó tomar
aire cuando se levantaba. El cielo estaba nublado; dejaba escapar pocos rayos
de sol que apenas iluminaban el paisaje debido a los copos de nieve que caían
sin cesar.
No sin esfuerzo, el namekiano
pudo enderezarse y recolocarse el brazo con dureza. Entonces levitó para
contemplar el campo de batalla. kibito y él nunca tuvieron posibilidades contra
Dabra.
– No veo los cuerpos de mis
compañeros – pensó para sí, preocupado sobre todo por la muerte del último
Kaioshin.
Sobrevoló el terreno destrozado
por las luchas, pero solo vio algunas huellas y cicatrices en el lugar que ya
estaban siendo cubiertas por la reciente nevada.
Entonces divisó a lo lejos un
color que resaltaba entre el blanco de la nieve. Era la verde piel de Cargot,
cuyo cuerpo yacía medio enterrado. Ya apenas tenía energía para temblar.
– ¡Cargot! – Piccolo llegó hasta
él, pero pronto entendió que podía hacer poco por ayudarle.
– P.…por favor – pudo susurrar el
namekiano agonizante, cuya tez era ahora más clara, más fría – Querría...
querría ayudaros.
– Ya lo has hecho – le habló
Piccolo con un afecto poco usual en él.
– Déjame recuperar a mi pueblo –
suplicó él con voz rota.
– ¿Qué? – se sorprendió Piccolo.
– Déjame formar parte de ti para
ser de utilidad – su voz sonaba cada vez más débil – Cumplir mi promesa, vengar
a mi gente.
– No deberíamos hacer eso.
– Si no te convence la venganza,
hermano, quizás lo haga el destino del universo.
– Pero… – desvió la mirada de la
de su compañero.
– Por favor, Nail.
Entonces Piccolo cerró los ojos
para ocultar su expresión más sentimental. Colocó la mano en el pecho ya de
color apagado de su hermano y esperó con calma. Entonces una luz clara similar al
sol bañó sus cuerpos y se expandió por en el paisaje, como el brillo de una
estrella blanca reflejada entre el hielo firme.
Desde el interior de la nave de
Glova, pudo verse cómo la puerta principal se deshacía formando un agujero lo
suficientemente grande como para que Purple pudiera entrar en ella.
– Muy bien, ahora a buscar.
En el exterior, Bojack comenzaba
a impacientarse. Cada golpe que lanzaba era esquivado o interceptado y Goku
comenzaba a tomar una ventaja bastante clara.
– No puedo con él – pensaba para
sí – Estoy exhausto...
– ¡Pam! – una patada del
super saiyan le estrelló contra el suelo de la Atalaya, destrozando las losas.
– Largo de aquí antes de que te
ocurra algo peor – le avisó Goku muy serio.
El villano verde, derrotado moral
y físicamente, le dio la espalda y voló huyendo con la idea de volver cuando se
hubiese recuperado.
– Hijos de... – maldecía entre
dientes. A su mente aún le costaba anteponer los beneficios de Babidí a su ira
y venganza – No le sirvo de nada si muero – se autoconvencía mientras apretaba
los puños con fuerza, desestresándose.
El cabello de Goku volvió a su
tono oscuro y sus ojos retornaron a la normalidad.
Dende salió del palacio
acompañado de Krillin quien, cabizbajo, cerraba sus ojos mientras las lágrimas
caían por sus mejillas.
El joven namekiano llegó hasta
Goku muy afligido. El saiyan parecía en shock, esperando una información que no
querría escuchar ni en vida, ni en muerte.
– Gohan... – murmuró Dende sin
poder mirarle a los ojos – No ha sobrevivido. No he podido hacer nada. Lo siento
mucho… – sus ojos humedecidos y su voz consternada no hizo más que afligir aún
más el ambiente de crisis y de muerte.
Los puños de Goku temblaban
cerrados con intensidad. Su mirada se perdía en la nada y pequeñas chispas
brotaban a su alrededor sin ninguna brisa que las acompañase.
Krillin, sentado en el suelo,
lloraba sutilmente y en silencio, mientras se refregaba los ojos con las manos.
– La... La bola de dragón – dijo
Mr. Popo con cierta vergüenza, pero con alteración – No está por ninguna parte.
La mirada del saiyan fue directa
al sirviente de Dios. Casi parecía imbuida en la locura. Entonces su rostro
giró en dirección al asesino, que ahora huía.
Purple encontró la Blantir en el
dormitorio de Glacier.
– Y con esto me meto al mago en
el bolsillo – susurró – Y justo cuando parece que Bojack huye – sonrió.
Sin embargo, su scouter volvió a
percibir un cambio desmesurado.
– Pero ¿Qué?
– ¡¡AAHHHH!! – el grito
descomunal de Goku hizo temblar todo aquel lugar.
– ¡Flash! – su pelo había
crecido una barbaridad y había recuperado el tono rubio propio del super
saiyan. Decenas de espasmos eléctricos rodearon la transformación y su
expresión cambió.
Todos los allí presentes se
sobrecogieron por lo que estaban contemplando.
Paikuhan, que esperaba a cierta
distancia de la Atalaya para seguir los movimientos de su objetivo, no pudo
evitar abrir los ojos como una lechuza al sentir aquel Ki.
Bojack, por su parte, reconoció
aquel poder.
– No puede ser – dijo parándose
en el cielo y volviendo su mirada hacia atrás – Ese es...
– ¡Zip! – Goku apareció
justo enfrente.
– ¡Ah! – gritó con miedo el
malvado siervo de Babidí, tomando distancias con el saiyan – ¿Qué quieres
ahora? – preguntó subiendo la guardia, pero con una expresión de claro temor.
– La bola de dragón – dijo Goku
sin vacilar.
– ¿Qué? ¿Quién…? – se extrañó él
justo antes de darse cuenta de que era el adversario que hacía un minuto le
enfrentaba – Yo no la tengo. Me la habéis quitado vosotros. ¡Se la llevó el enano
calvo mientras me encargaba del otro rubio!
Goku abrió los ojos aún más al
oír hablar así de Gohan.
– ¡HA! – exclamó Goku mientras un
poderoso Kamehameha salía disparado de sus manos, desintegrando por completo al
villano.
– ¡Oh, joder! – maldijo Purple cuando
su scouter eliminó del radar el Ki de Bojack. Entonces salió volando de la nave
a toda velocidad directo hacia Babidí – ¡Se ha cargado a Bojack de un plumazo!
Paikuhan, distraído por el
soberbio Ki del super saiyan de tercer nivel, se percató desde el suelo de que
Purple se volvía a mover, así que fue tras él.
Goku volvió a la Atalaya en un
parpadeo, pero ya en su estado base, exhausto y derrumbado, se inclinó para
calmarse y pensar.
Krillin, ahora a su lado, le puso
una mano en el hombro – Tranquilo, Goku. Le resucitaremos con las bolas de
dragón.
– Tienes razón – admitió Goku,
aunque entristecido.
– ¿Y la bola de dragón? – quiso
saber Dende.
– Él no la tenía – respondió el
saiyan – Aun así, le he eliminado. Era demasiado peligroso.
– Pero entonces – se extrañó
Krillin – ¿Quién la tiene?
– Gohan tenía esto consigo – dijo
Dende cediendo el radar dragón a Goku. El artefacto estaba encendido, pero la
pantalla estaba resquebrajada y, a pesar de emitir un intermitente pitido, el
mapa no era inteligible.
– Ya no nos sirve – admitió
Krillin.
– ¡Bojack ha muerto! – se quejó
Babidí desde su Blantir.
Dabra, a pesar de estar semiinconsciente
en el tanque de curación, escuchó el chillido. No pudo evitar sufrir un
escalofrío: podría haberle tocado a él.
– Esto es mucho peor de lo que me
imaginé – pegó un pisotón de inconformidad – Ahora no tengo ningún siervo
poderoso a mi disposición – le dijo al Dakka, malhumorado – ¡Tú te estás
curando, ese tal Vegeta está inconsciente, ese demonio del frío ha derrotado al
terrícola que estaba bajo mi control y ahora mi coloso verde muere en manos de
otro terrícola! Espero que tu herida se cierre pronto – estresó aún más a Dabra
– porque si cualquiera de ellos llega hasta mí, serás tú el que me defenderá.
Justo en ese instante, Kibito
despertó bruscamente de una terrible pesadilla. Se encontraba en Kaioshinkai,
el Planeta Sagrado de los Kaioshin.
Sus ropajes estaban algo rotos,
pero sin apenas un rasguño. A su izquierda, Shin estaba tumbado, todavía con
sangre seca por toda la boca e inconsciente. A su derecha estaba Akkaia,
malherida y aún sin conocimiento.
Kibito posó sus manos en su
compañero y le curó en unos segundos. Shin abrió los ojos y se levantó algo
asustado.
– ¿Y Dabra? – preguntó
rápidamente.
– No lo sé – Kibito bajó la
mirada – El ataque de Piccolo funcionó. Atravesó el pecho del demonio como si
fuera mantequilla.
– ¿En serio? – se asombró Shin –
Pero... ¿entonces? – discrepó contemplando que no estaban en La Tierra.
– A pesar de tener un agujero en
el pecho, se levantó y volvió a atacarnos con la ira que le quedaba. No fuimos
rivales para él y Piccolo cayó fulminado tras unos golpes. Entonces hui antes
de que me matara a mí también. Pude transportaros a usted y a la chica – dijo
señalando a Akkaia con un leve gesto – Pero no tuve energía para volver y traer
a los namekianos – se apenó – Cuando llegamos aquí, caí rendido.
Shin, muy serio, miró a Akkaia.
La grave situación le estresaba. No sabía qué hacer.
– ¿Tienes energía para curar a
Akkaia?
– Eso creo – murmuró con pesadez –
Siento haberla traído aquí.
– No. Hiciste bien.
Purple sabía que el mismo tipo
que vigilaba la nave de Babidí le seguía desde que se marchó en busca de la Blantir.
Su scouter no dejaba de recordarle a qué distancia se encontraba de su
perseguidor.
– Espero que no me dé problemas –
pensó para sí. Pero cuando ya llegaba hasta la nave del brujo, pudo avistar gracias
al localizador otras dos figuras en el llano del desierto – ¿Quiénes son esos?
Aterrizó justo enfrente de la
entrada a la nave de Babidí, ignorándolos. La puerta se abrió y apareció uno de
sus soldados.
– ¿Has traído lo que el maestro
te pidió?
– Así es.
– Se lo comunicaré – contestó el
soldado – Espera aquí.
– Tienes que darte prisa – le
apremió Purple mientras sujetaba la Blantir en un brazo y la bola de dragón en
la mano libre – Han llegado intrusos que buscan la caída de Babidí.
El soldado, alarmado, desapareció
dentro y cerró la compuerta.
Purple se dio la vuelta. Las dos
figuras se acercaban caminando sin prisa hasta que se detuvieron a varios
metros de distancia.
Uno de ellos era calvo y tenía un
ojo de más, cerrado sobre la frente. Sus vestimentas eran largas y sus mangas
escondían sus manos completamente.
El otro, algo más bajo de
estatura, vestía un Gi negro con un cinturón de tela roja. Su cara estaba
escondida tras una máscara blanca que hacía juego con el color de sus guantes y
de sus zapatos.
Paikuhan llegó entonces y se
colocó en medio de los otros dos recién llegados. Era el más alto de los tres.
– ¿Qué pretendéis hacer aquí? –
les plantó cara Purple.
– Venimos a por Oriam – respondió
Paikuhan – Sabemos que estás ayudándole.
– Os equivocáis – sonrió Purple –
Él es el que me está ayudando a mí.
– Eso nos da igual – le reprochó
el ser verde – Nos dirás su paradero y después vendrás con nosotros sin
rechistar.
Gihó abrió el tercer ojo de su
frente muy lentamente mientras cerraba al mismo tiempo los dos restantes. La
pupila y el iris del ojo abierto eran azules, transparentes, de color cristal,
algo poco descriptible. Escrutó a Purple durante un segundo y volvió a cerrarlo
mientras abría los otros dos.
– Sí, es de rango A – habló
mentalmente a sus compañeros – No nos dará problemas.
– Por un momento creí que
estaríamos ante un rango X – rio Kuren bajo la máscara.
– Está claro que sois mercenarios,
pero no lo comprendéis – dijo Purple – Aún necesito a ese ricachón. Además,
ahora tengo una cita con un brujo muy especial.
– Estoy cansado de escuchar
hablar de ese hechicero – intervino Gihó – Vendrás con nosotros a menos que
aparezca y nos muestre un truco de magia en persona.
– Seguís sin comprenderlo –
insistió Purple – Ahora mismo nos está viendo. Estamos en su radio de acción.
Ahora mismo me está hablando – sonrió – Y ya que lo mencionas, seréis testigos
de un gran truco de magia.
Una poderosa ráfaga de viento
irrumpió en el lugar. Babidí había aparecido con una veintena de secuaces
rodeándole. A él y a un gran capullo redondo de cierto aspecto repugnante. El
brujo parecía emocionado e ignoraba todo lo que pasaba a su alrededor porque
tan solo le interesaba una cosa en aquel momento.
– ¡¡BU VA A RESUCITAR!! – gritaba
con exaltación.
Purple miró aquel enorme huevo
cuya base expulsaba a presión un extraño gas blanco. Entonces volvió su vista
al trío de extraños. Sus expresiones lo decían todo.
– ¿Qué diantres es eso? –
balbuceó Paikuhan.
– ¿Es una especie de crisálida? –
preguntó Gihó en voz alta.
– Oh... – fue lo único que Kuren
farfulló.
En aquella área desértica solo se
escuchaba la aguda risotada de Babidí embutida por el ruido del vapor
comprimido del capullo que encerraba al monstruo.
– ¡¡BU VIVEE!! – exclamó el viejo
brujo mientras alzaba sus manos al cielo.
Estás bien amigo? Por qué no has subido nuevo cap?
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